Síntesis revolucionaria y descomposición capitalista: Aportes para la comprensión y construcción de una posibilidad comunista ante “el fin de la historia”

“La modernidad capitalista produjo en estos doscientos años una exuberante riqueza de aportaciones teóricas, poéticas y científicas, que anticipan y precisan los contornos de la vida futura. La riqueza de esas contribuciones sólo puede ser captada por las consciencias que no están perturbadas por compulsiones ideológicas, que no se obstinan en aprisionar las teorías dentro de categorías fijas para no arriesgarse a probar su compatibilidad y su eficacia. Ése es el desafío lanzado a los revolucionarios: deben aprender a servirse de las categorías (como las de marxismo y anarquismo) empleándolas para lo que sirvan, pero alejarse de ellas tan pronto como se interpongan en el camino de la creatividad revolucionaria.
(“Esbozo de la síntesis revolucionaria del futuro (Más allá de la dicotomía
marxismo/anarquismo)”

 

“Por lo demás, todas nuestras tentativas de hacerlas estallar serian quijotismos, si no encontráramos, escondidas en las entrañas de la sociedad tal cual es, las condiciones de producción materiales y las relaciones de distribución de la sociedad sin clases” (Marx)

 

AyC

Detrás del movimiento de la revolución y de su proceso de constitución material yacen miles de formas y relatos que dan cuenta de mucho más que la adscripción proletaria a ciertos principios y/o partidos. La historia de los distintos momentos revolucionarios reales es una historia viva hecha por miles de anónimos que nada tienen que ver con -y de hecho son silenciados por- lo que la mitología y las estructuras de la izquierda oficial han construido sobre ellos. El balance actual y la perspectiva para nuestro momento histórico, desde el punto de vista de la revolución, yace justamente en poner en relación este movimiento vivo y anónimo hoy en el marco de las condiciones sociales e históricas actuales: como comprensión en su espacio temporal de las manifestaciones revolucionarias auténticas dentro de nuestra época y nuestra clase, redescubriéndolas y orientándolas desde la fase actual de la “producción social” con las herramientas/negaciones teóricas y prácticas que nos entrega; un encuentro de aquella unidad orgánica perdida entre el ser humano y su práctica transformadora.

Desde este material hemos intentado siempre visibilizar nuestras lecturas del panorama actual, constatando en los hechos la desintegración de la forma de vida capitalista, mostrando su carácter como producto histórico de relaciones humanas y evidenciando así su carácter finito, limitado y contradictorio; buscando desde esa comprensión abrir camino a una perspectiva que rompa con esta supuesta eternidad y universalidad del capital. A su vez, buscando, manteniendo y reivindicando siempre las cuestiones centrales e invarianzas (o invariantes) reconocidas por la “tradición” del movimiento proletario -aquel que vive en la contra cara de la historia oficial revolucionaria-, reconociendo el dramático peso de su ausencia programática por la represión de izquierdas, derechas y el peso de la ideología, hemos intentado contribuir a la construcción de una visión dialéctica y no ideológica de la acción y teoría revolucionaria, rompiendo a tropezones con la serie de ataduras que representan el corsé de lo que se conoce como “la política de izquierda”.

Y en este trayecto de intentar visibilizar las posibilidades reales del movimiento revolucionario actual, al retomar sus herramientas históricas y teóricas, hemos comprobado cómo la actividad de “los revolucionarios” tarde o temprano se termina autonomizando en su práctica y discurso de la realidad misma, cómo el peso de la especialización y la sociabilidad identitaria (y aquí hablamos más allá de las sectas/ ghettos culturales de la izquierda autoritaria y anti autoritaria) termina siendo unobstáculo para una comprensión integral del estado actual de la sociedad y las posibilidades de transformarla, intentando leer y re leer bajo las viejas ópticas, por afecto a un determinado esquema teórico o mero gesto estético, un movimiento que notoriamente es incapaz de captar.

Entrampados en la superficie de la lógica capitalista y de su superación, los revolucionarios somos incapaces de encontrar el núcleo de la descomposición capitalista, pudiendo usarlo en nuestro provecho y, desesperados, nos increpamos los unos a los otros ante la frustración generalizada: pero si, como es sabido, la reproducción del capital una vez constituido no descansa en las formas particulares e históricas de su dominación sino en la escencia, el motor, de las relaciones sociales que lo determinan, la comprensión de la catástrofe capitalista y su destrucción revolucionaria no puede actuar de otra manera y debe desde el núcleo de las relaciones sociales capitalistas, en las leyes que lo determinan y su vez lo condenan, encontrar los elementos que posibiliten el fin de esta forma social y el inicio de una nueva. El aporte de una comprensión del carácter revolucionario y transformador de la práctica humana es inseparable de la idea de su desarrollo a nivel global y su determinación histórica por la producción social: solo en el marco de las relaciones reales de los seres humanos pueden surgir las posibilidades de su transformación.

Y es que la comprensión de la descomposición capitalista no puede quedarse en la simple constatación presente de un constante cúmulo de noticias y artículos de cómo se quema el mundo frente a nuestras narices (o en un decálogo de principios inamovibles); por un lado esto sería otra forma pasiva y contemplativa de interpretar la realidad y, por otro, una interpretación siempre incompleta al verse aislada de su recorrido y proyectualidad: la actual descomposición de la sociedad del capital se inscribe en un momento histórico, y es solo desde la comprensión de este momento, de sus elementos constitutivos y el desarrollo de sus fuerzas -de su pasado, presente y futuro- como resolveremos las necesidades actuales de nuestro espacio y tiempo. Es en este sentido donde toma peso una comprensión que desde la teoría revolucionaria vuelva a enfrentar los problemas actuales de la humanidad toda, pues recordemos que solo la actividad revolucionaria del proletariado, en tanto actividad viva, es capaz de dar muerte a este sistema.

La agonía de esta relación social solo puede estar expresando su obsolescencia en tanto modo de producción respecto a los mismos elementos que él ha desarrollado, y esto es la base material de otra forma de relación social que corroe en estos mismos instantes la estructura de la sociedad actual: para nosotros esta solo puede ser la comunidad humana, la superación de la apropiación capitalista del territorio, los medios de vida y el conocimiento, la relación directa entre seres humanos, el comunismo y la anarquía. La única forma de relación social que puede dejar en el pasado el peso muerto de las sociedades de clase es la comunidad humana apropiándose y siendo consciente del producto de su actividad y su laboratorio; el fin del círculo vicioso de la “historia universal” radica en la sintonía necesaria entre las fuerzas productivas y sociales por ella desarrolladas con la ruptura revolucionaria de las barreras que las atan: la propiedad privada, el intercambio privado de mercancías, la explotación en el trabajo asalariado, la acumulación del capital.

La superación y destrucción de la forma capitalista solo puede pasar por su eliminación en tanto intermediario de las relaciones humanas, como un lastre que le pesa y le persigue al no ser propietario de su producto; pero no solo eso, el mismo desarrollo de las fuerzas productivas del “hombre” y la catástrofe de su progreso, ha llevado a nuevas comprensiones en torno a la reciprocidad necesaria entre las relaciones sociales y su entorno físico y natural, o lo que es igual, a una nueva comprensión de la riqueza y las fuerzas productivas como tal. En el desarrollo de este lastre histórico llamado capital,
los elementos de una sociedad unitaria y comunista lo corroen al mismo tiempo que este se autoproclama como el amo y señor del fin de los tiempos, pero estos elementos no vienen con las banderas, siglas y consignas que los revolucionarios al parecer esperan ¡La génesis y constitución de nuevas formas sociales no responde a explosiones repentinas de la conciencia, sino a procesos subterráneos que en su maduración terminan consolidándose por la violencia revolucionaria!

Para apropiarse de estos elementos, el movimiento revolucionario debe romper con sus vendas ideológicas, apropiándose de su tradición en tanto movimiento real y sus aportaciones teóricas, pero para lanzarse hacia una nueva perspectiva sobre sí mismo como movimiento de la revolución social y global, como movimiento de la consciencia de la humanidad sobre sí misma. Debe comprenderse bajo un plano mucho más rico que la simple amalgama con las “ciencias sociales” a las cuales se le acostumbra asociar, y explorar nuevos elementos; comprender las fuerzas productivas, comunicativas y sociales que actúan en nuestro tiempo en el sentido de la posibilidad revolucionaria; superar la forma meramente “político-económica” de la socialdemocracia y sus herencia politiquera, manifestando así el carácter siempre social e histórico de la revolución, como manifestación viva del turbulento andar del ser humano y no como enumeración o adscripción de dogmas inamovibles y añejos.

“Algunos de los desarrollos más fructíferos para la futura síntesis revolucionaria no encajan en ninguno de los compartimientos que los militantes disponen para entender el mundo, y sin embargo son desarrollos profundamente revolucionarios.”
(“Esbozo de la síntesis revolucionaria del futuro (Más allá de la dicotomía marxismo/anarquismo)”)

Desde hace un tiempo esta es nuestra perspectiva y buscamos, sin dejar nunca de lado la negación como elemento fundamental, los elementos constitutivos de una sociedad que pueda dejar atrás el modo de producción capitalista. Sabemos que ahí están, muchas veces más cerca de lo que pensamos. Cómo articularlos en un sentido revolucionario es el desafío.

La descomposición del capital vuelve a los conceptos elementales de su unidad orgánica. La actividad alienada en el trabaj y la producción de capital solo puede ser superada por el desarrollo consciente de la actividad y la producción humana como tal.

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