México: Nadie dijo que era pacífica

El Estado mexicano, los medios, la gente dice que mentimos siempre que denunciamos una agresión sexual, que exageramos, ahora públicamente se señala como mentira una violación multitudinaria por policías hacia una joven que tuvo miedo de seguir con la denuncia, porque nadie le garantizo la seguridad a  ella y a su familia, y gimen los incautos y reafirman sus pútridas posturas, se regocijan en que tuvieron razón y una vez más la mujer mintió, reafirman con gallardía que son hombres y que son inocentes. 

La gente está satisfecha con la versión de los videos que publicaron los medios, donde desmienten la declaración de la joven vejada; es más fácil, les llena de tranquilidad saber que pueden seguir confiando en sus verdugos, les es más cómodo, así pueden seguir sin sentir culpa de sostener un sistema social que potencia al mil la violencia contra el cuerpo de la mujer, pueden caminar tranquilos pensando que sus policías no violaran a sus hijas… 

Lo que olvidan es que esté no es ni el primer ni el último caso donde mujeres denuncian que han sido violadas por funcionarios públicos en el mundo entero, siempre han abusado de su poder, siempre lo harán, así como un hombre que no es funcionario se esconde entre la oscuridad para atacar, así ellos se esconden tras sus títulos de policías,  militares y políticos. 

 16 de agosto, 2019; Manifestaciones contra la violencia de género, en la región mexicana

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Patrulla destrozada por mujeres en el estado de Puebla, México.

Al atardecer todo entra en los márgenes y estatutos del buen comportamiento, ser ciudadanas, bien portadas, gritando consignas, pidiendo, casi rogando ser escuchadas… que no nos gusta sobrevivir a la vida cotidiana con miedo a que nos lleven, que nos torturen hasta la muerte, que nos asesinen, que nuestras madres  vean nuestros cuerpos en estado de descomposición, o que no nos encuentren nunca…

Mujer valiente

Mujer determinada.

Luego, pintas en los muros, performance con fuego, humo rosa y morado, movimiento, gritos cada vez más fuertes, el primer vidrio se desploma, los gritos de empatía se desbordan, herramientas improvisadas, más vidrios caen. Gritamos de furia, de alegría, de tristeza… Sí fuimos nosotras, si lo volveríamos a hacer una y mil veces más, sí corrimos a los hombres de nuestros contingentes, de nuestro espacio de acción. No tenían nada que hacer ahí, no fueron invitados. No eran bienvenidos ni amigos, ni aliados.

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La pasión por la destrucción, también es pasión creadora.

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La pasión por la destrucción, también es pasión creadora.

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La pasión por la destrucción, también es pasión creadora.

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La pasión por la destrucción, también es pasión creadora.

La noche nos cubrió y no sentimos temor ni de la policía, ni de las calles obscuras, estuvimos una marea de desconocidas, juntas, fuertes, desorganizadamente rabiosas, enfermas de cólera y frustración. A nuestro paso todo lo pintamos, rompimos cada símbolo de la autoridad responsable de las vejaciones cotidianas. Quemamos lo que pudimos.

¿Porque están tan enojadas? Preguntan. 

Otros dicen: perras, locas, histéricas, putas, desvergonzadas. Hacen burlas, se mofan, piden que nos maten, que nos violen, que nos encarcelen, que no son formas de protestar, que las paredes no, que los vidrios no, que los monumentos no, que quien va a limpiar la ciudad, que somos chamacas kagonas, que desvirtuamos el movimiento, que somos infiltradas, provocadoras, fascistas, agentes del yunque, enviadas de la derecha, porras de la izquierda.

Nací con este cuerpo con el que me identifica toda la historia y la sociedad de todas la regiones, como algo que ellos llamaron mujer, y me construyeron para ser sometida, pisoteada, violada, para ser madre, para cuidar, atender, soportar, callar, servir al siervo del amo y al amo… identificó la historia de la otra como la mía, por eso salgo a la calle con ellas, por eso fuimos todas, por eso no dejamos a ninguna y celebramos cada acción de la otra. 

Nadie convocó a una marcha pacífica, ninguna de nosotras salió en nombre de la otra, no queremos representar a nadie y que nadie nos represente, no pedimos justicia al verdugo, no suplicamos migajas de la traidora Sheinbaum, ni del merolico de la silla presidencial, lo que paso ayer fue una explosión de hartazgo, sabemos que ellos no moverán un dedo para garantizar nuestra seguridad o para castigar a quienes nos violentan. Habrá más asesinatos a mujeres por ser mujeres en todo el mundo, nos seguirán culpando, seguirán diciendo que mentimos, estafadores de ideologías famélicas vendrán a decirnos que no somos verdaderas feministas o anarquistas, que no hacemos política; las madres de las asesinadas y desaparecidas seguirán con su dolor, seguirán buscando en fosas clandestinas a sus hijas, seguirán naciendo organizaciones de búsqueda, seguirán existiendo niños de madres asesinadas, crecerán sólo para ver que a la humanidad le importa un carajo lo que pasó a sus madres…

Los hechos de ayer solo nos dejaron ver y reconocer en miradas cómplices, en cuerpos abrillantados, desnudos y vibrantes que no estamos solas… Y que no queremos seguir ocultando y perpetuando un sistema social de muerte, ni como mujeres, ni como humanas. 

Me reconocí en la mirada de la otra, tomé su mano, luego nos dimos un abrazo honesto, un abrazo de mujer, de compañeras, después de romper unos cuantos vidrios y ahuyentar a hombres y policías entrometidos volvimos cada una a casa, último mensaje de la noche y por lo que vale la pena luchar: llegue a casa con bien, descansa.

 

Solo una anécdota más.

Proletarias antidemocraticas