La mayor promesa, la mayor mentira

De PERSPECTIVA INTERNACIONALISTA

peligro-comunista1El centenario de la Revolución de Octubre ha sido un asunto bastante apagado. No hubo desfiles en la Plaza Roja ni en Tiananmén, ni demostraciones, ni festividades. Incluso los izquierdistas le prestaron poca atención, con excepción de aquellos que sueñan con que Octubre se repita, esta vez con ellos mismos en el papel de los bolcheviques. En la mínima medida en que los medios de comunicación mencionaron el aniversario, fue para comentar que el comunismo había colapsado afortunadamente. Algunos le dieron un poco más de espacio. The New York Times Book Review, en su edición del 22 de octubre, dedicó siete artículos relacionados con el tema. Notablemente, en lo que se entiende como una crítica al totalitarismo, todos decían lo mismo: El comunismo es un experimento fallido, vivimos en el mejor de los mundos posibles. Sin discusión. Uno de los autores fue Francis Fukuyama, famoso por su afirmación de que el fin del régimen “comunista” en Rusia anunciaba “el fin de la historia”: inevitablemente todo el mundo se volvería capitalista y democrático. No hay otra alternativa.

Tan escasa atención es notable ya que, desde cualquier punto de vista, la Revolución de Octubre fue un terremoto que dejó profundas huellas en el curso de la historia. IP ha publicado varios artículos al respecto [i], pero no queremos dejar pasar este centenario sin hacer algunas observaciones sobre su relevancia en la actualidad.

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Marx contra el Estado

De Materiales

Marx contra el Estado

El carácter de la Comuna

La mayor objeción a Marx sobre la cuestión del Estado y el parlamentarismo, recae en elKM Manifiesto del Partido Comunista (publicado en el año de 1848), el cual en la parte final aboga por la toma del Estado, haciendo a la par concesión a la burguesía “radical” en Alemania. Sin duda tales posiciones contenidas en ese libelo han sido puestas en tela de juicio por la Historia, por lo que encontrarles una justificación sería absurdo. No obstante, limitarnos a una simplona crítica sin comprender el contexto histórico en que se escribió, nos llevaría a estancarnos en un ámbito meramente superficial o en el peor de los casos, en un reducto puritano e ideológico.

El manifiesto de Marx y Engels, fue un proyecto realizado a petición de la Liga de los Comunistas, una organización conformada desde antes que ellos participaran en ésta. Muchas de las organizaciones comunistas de aquel entonces, habían sido incapaces de romper de lleno con muchas concepciones socialdemócratas, incluyendo la que concierne al Estado. Marx y Engels no estaban exentos de acuñar posiciones erróneas propias de su época. Toda esa situación, generó un terreno de cultivo apto para la separación entre reformistas y revolucionarios.

«Debemos subrayar aquí que las oscilaciones y ambigüedades de Marx y Engels, con respecto a la Socialdemocracia misma, contribuyeron a su obra contrarrevolucionaria. En efecto, durante años las fundamentales críticas programáticas efectuadas por ellos no fueron dadas a publicidad, haciéndose los propios Marx y Engels cómplices de este ocultamiento, por razones de “oportunidad”: las críticas públicas y hasta la ruptura formal con esa organización fueron postergadas “para más adelante”. A la muerte de Marx, como es sabido, Engels se compromete mucho más con la política programática y organizativa de la socialdemocracia, llegando a apoyar la práctica organizativa de esa organización burguesa para los obreros y hasta a darle su toque de “autoridad” para expulsar a los mejores militantes clasistas: es el caso de “Die Jungen” » [1].

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