LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN

¿De verdad queremos o deseamos hacer lo mismo que el violador hizo a su victima, esa es nuestra venganza? Les dejamos acá este pequeño texto para reflexionarle…
Dice Virginie Despentes que la violación es también un diálogo privado a través del cual cropped-13256528_1199025596788242_4519500449794811293_n.jpgun hombre declara a otros hombres: «yo me cojo a sus mujeres brutalmente». Suena exagerado, pero no lo es tanto. Las amenazas y el deseo de vengarse del violador son parte del diálogo que aunque se haga público excluye a las mujeres. Estos hombres que pretenden apropiarse de mujeres siguen considerándolas parte de un decorado que se puede violar o defender pero carente de vida propia. No se dirige la palabra a las mujeres en cuestión ni para preguntar como se sienten, si precisan algo, o simplemente dar fuerzas. Mucho menos se dirige a otras mujeres, para ver cómo es que suceden estas cosas, cómo podemos detenerlo. Porque no les importa. Lo que les urge en las entrañas es recoger el guante y responder lo más virilmente que se pueda.
En este mismo diálogo se supone que, paradójicamente, la violación combatiría la violación. Y así, se expulsan amenazas al blanco viviente en el que se convirtió el violador acusado. Expresan sin pudor sus fantasías sobre cómo debería ser violado el violador, qué cosas deberían hacerse con su culo, a qué debería ser sometido. Para ellos, la violación sigue siendo una forma de colonizar los cuerpos, de disciplinar a los seres humanos. Tal como actúa el violador, consideran la violación como una herramienta válida, aunque neutral, y que cada quien podría darle un buen o mal uso.

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¡HIGUI A LA CALLE!

Publicado en La Oveja Negra nro.46, marzo de 2017

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Tristemente volvemos a escribir desde la rabia. Hoy es el caso Analía de Jesús la chispa Higuique enciende la necesidad, cada vez más urgente, de ponernos a reflexionar, agitar y denunciar que las condiciones materiales y las relaciones sociales en que vivimos están deshumanizadas, y que los hechos de violencia son su expresión.

Higui es una mujer lesbiana que está presa desde marzo de 2016 por defenderse de un grupo de hombres que intentaron violarla y asesinarla. Ella vivía en Lomas de Mariló, Moreno, en el Gran Buenos Aires, y debió mudarse por el continuo hostigamiento de vecinos que, incluso, llegaron a incendiar su casa. Dicen que en esa localidad se da una expresión particularmente violenta y patotera de los hombres que no toleran a mujeres lesbianas, y que éstas son agredidas verbalmente, apedreadas y golpeadas si su elección sexual es reconocida. Dicen que allí los hombres “corrigen” tanto a lesbianas como a gays.

El Día de la Madre pasado Higui volvió a Lomas para visitar a su hermana, luego pasó por lo de un amigo que vive cerca y cuando finalizaba el encuentro, el cuñado de su amigo, conocido misógino del barrio, junto a otros nueve, la atacaron a golpes. Higui cuenta que estos seres despreciables acompañaban sus golpes diciendo: «Sos una tortillera. Sos una puta. Te voy a hacer sentir mujer. Te vamos a empalar, tortillera». Luego le rompieron el pantalón y el bóxer y uno de ellos se le tiró encima, dispuesto a violarla. Ella sacó un cuchillo que llevaba escondido y se defendió con un puntazo en el tórax que terminó con la vida de este agresor. Higui perdió el conocimiento hasta que la policía la despertó.

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¡ABAJO EL TRABAJO DOMÉSTICO!

Extraído de Boletín La Oveja Negra nro.46 (Marzo 2017)

http://boletinlaovejanegra.blogspot.com

cropped-tumblr_mdpahjnqs11rho3gjo1_500.jpgHace ya varios años que hemos sumado nuestras voces para exponer la relación entre trabajo asalariado y capitalismo, para asumir la contradicción, no defendiendo el trabajo sino la vida. Porque la contradicción más importante por la que luchamos es la que existe entre Capital y vida humana.
El modo de producción capitalista, pese a su imagen racionalista y científica también produce mitos, actos de fe gracias a los cuales se sostiene. Uno de ellos es que el trabajo es ajeno a la historia, que existe desde siempre y que, por tanto, no podría dejar de existir. Esto es una verdadera falacia. El trabajo aparece como actividad separada en las sociedades de clase. Y el trabajo asalariado, más precisamente, es la forma que adquiere la actividad humana en el capitalismo. Es por ello que cuando miles de proletarios en el mundo insistimos con la consigna «¡Abajo el trabajo!» no estamos proponiendo que haya que dejarse morir de frío e inanición, sino que debemos luchar para constituir una comunidad donde nuestras necesidades de alimento y techo, así como de goce y creatividad sean puestas en común sin ser una coartada para cuantificarlas y generar ganancias. Aunque parezca extraño en este tiempo inmóvil del Capital que se asemeja a un eterno presente, la mayor parte de la existencia de nuestra especie no hemos vivido de esta manera; ello vuelve evidente que este modo de producción también tiene los días contados.
Otro mito necesario para apuntalar la normalidad capitalista es exponer el trabajo doméstico como un atributo natural de las mujeres, quienes se supone que, por naturaleza, serían buenas cocineras, lavanderas, amantes, sensibles, débiles y, por sobre todo, dependientes. No es ninguna casualidad, el primer paso para la domesticación es la creación de dependencia.

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La Oveja Negra #40

Descarga en PDF El Boletín La Oveja Negra #40
Contenido: Y sin embargo no lo pueden impedir/Ciclo: 80 años de la revolución española/Tres notas sobre el día patrio/«Vamos por la segunda y definitiva independencia»/Tecnópolis, la rendición de la cultura a la tecnología
Laovejanegra40
Y SIN EMBARGO NO LO PUEDEN IMPEDIR
En los últimos meses la Burguesía hizo más de lo que sabe: liberar las fuerzas del mercado, consolidando sus privilegios y librando de toda limitación los apetitos empresariales, todo lo cual se hace necesariamente contra el resto de la sociedad. Redujo el costo de la fuerza de trabajo y, allí donde existe, buscó doblegar la resistencia al ajuste tarifario e imponer una limitación a los incrementos salariales. Hubieron miles de despidos y amenazas que sembraron miedo, aun cuando la cantidad realizada fue inferior a la anunciada. A través de vigilancia y una férrea represión policial los miles de despidos, suspensiones y el tarifazo marcan una misma dinámica en la sociedad argentina.

El aumento de la intensidad del trabajo se ve acompañado por el avance y la profundización de la represión, a través de leyes como el “protocolo de seguridad” o fallos como el de la Corte Suprema de Justicia que, en medio de una ola de despidos, afirma que la huelga solo puede ser convocada por asociaciones sindicales con personería gremial y por los sindicatos simplemente inscriptos. Este fallo, que afecta ampliamente a los sectores de trabajadores no sindicalizados, tercerizados e informales, se produjo durante el pasado mes de junio.

En una ocasión, refiriéndonos al Poder Judicial cuando condenó a los petroleros de Las Heras, en Santa Cruz, decíamos: «¿Qué es un tribunal sin la fuerza armada que ejecuta sus fallos? ¿Qué son los jueces sin gendarmes, o los gendarmes sin jueces? La Justicia no está en la balanza sino en la espada. Sin el purgatorio y el infierno, nada sería el dios de los católicos, tan impotente en la tierra. La justicia y la paz social no la declara el que llora de impotencia sino el que tiene más armamento, más control.»

Pero atentos, la corte se expidió: «Es un delito organizarse por fuera del sindicato único. Aquel que lo haga será un delincuente». “¿Son buenos los delincuentes, o son malos?… ¿Qué puede importarnos eso a nosotros, compañeros?” ¡Siempre es peor el que encarna la Ley! Si todo derecho burgués se asienta sobre el robo, y mientras la vida del que produce sea esclava, cualquier huelga es más fecunda que el trabajo. El trabajo produce maravillas para los ricos, pero privaciones para los explotados. En su trabajo el trabajador no se afirma sino que se niega como ser humano, no se siente feliz, se siente desgraciado. Y sin embargo, la huelga no es tampoco un lugar de reposo. Al contrario, es doble fatiga, por dentro y por fuera.

Gloriosa labor sindicalista

La garantía del desarrollo capitalista se apoya en el rol pacificador de los sindicatos. El sindicalismo busca mantener el miedo a ser despedidos, encerrándonos a cambio de una paga miserable, encuadrados en los intereses productivos de la burguesía. Participan ellos también del banquete: organizan la explotación. El sindicato es un instrumento al servicio del Estado y el Capital, sin el cual no podrían llevar adelante sus políticas económicas. Y los más demagógicos, los que posan sus papadas como combativas, acusan al tribunal de no “ampliar derechos”; lejos de atacar el principio del Estado, protestan solamente contra las limitaciones impuestas por el régimen “liberal” a la realización del democrático “derecho a huelga”. Una sociedad fundada en la explotación del trabajo ajeno solo puede lograr cohesión interna por medio de una mentira de pretensión universal como la igualdad de participación en la democracia. La burguesía no tiene ningún proyecto que proponer que pueda conseguir la adhesión de todos y asegurar la cohesión social: por eso se apoya fuertemente en la represión.

Los sindicatos, los empresarios y los políticos, deben defenderse, defender la democracia y el Estado, defender su ley y su jurisprudencia. Defender la democracia como si fuera un templo. Y sabemos lo que pasa en los templos: el ritual, la palabra sin sangre; la vida en paz. En la nación argentina lo peor que puede hacer alguien es luchar sin que intervenga el Estado. Porque en este templo donde se deja vivir en paz democrática, hablar en paz democrática, todo hecho y toda actitud contra el Estado es peor que un crimen. La paz democrática… ¡Es una paz que te aplasta!

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