La mayor promesa, la mayor mentira

De PERSPECTIVA INTERNACIONALISTA

peligro-comunista1El centenario de la Revolución de Octubre ha sido un asunto bastante apagado. No hubo desfiles en la Plaza Roja ni en Tiananmén, ni demostraciones, ni festividades. Incluso los izquierdistas le prestaron poca atención, con excepción de aquellos que sueñan con que Octubre se repita, esta vez con ellos mismos en el papel de los bolcheviques. En la mínima medida en que los medios de comunicación mencionaron el aniversario, fue para comentar que el comunismo había colapsado afortunadamente. Algunos le dieron un poco más de espacio. The New York Times Book Review, en su edición del 22 de octubre, dedicó siete artículos relacionados con el tema. Notablemente, en lo que se entiende como una crítica al totalitarismo, todos decían lo mismo: El comunismo es un experimento fallido, vivimos en el mejor de los mundos posibles. Sin discusión. Uno de los autores fue Francis Fukuyama, famoso por su afirmación de que el fin del régimen “comunista” en Rusia anunciaba “el fin de la historia”: inevitablemente todo el mundo se volvería capitalista y democrático. No hay otra alternativa.

Tan escasa atención es notable ya que, desde cualquier punto de vista, la Revolución de Octubre fue un terremoto que dejó profundas huellas en el curso de la historia. IP ha publicado varios artículos al respecto [i], pero no queremos dejar pasar este centenario sin hacer algunas observaciones sobre su relevancia en la actualidad.

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Venezuela: Capitalismo y Lucha de Clases

De Materiales

Venezuela3Los tres posicionamientos que aparecen a continuación, fueron publicados desde el año 2013 al 2015 por parte de diversos compañeros de lucha. Pese a que han transcurrido dos años desde entonces, estamos convencidos de que su contenido no carece de actualidad, y por el contrario, el balance que realizan corresponde bastante a lo que últimamente acontece en aquellas tierras del mar Caribe.

Como ya es de conocimiento común, los materiales que difundimos en éste blog siempre han apuntado a salirse de la rueda ideológica que está presente por igual en los medios de izquierda y derecha. Si nuestra realidad local generalmente nos rebasa, por consiguiente lo que ocurre fuera de nuestras fronteras aun más. No obstante, limitarse a abandonar todo esfuerzo por generar crítica, divulgarla y discutirla, no tiene razón de ser. Aportes como estos no deben entenderse como algo definitivo, sino como esfuerzos que son parte de un proceso continuo, simples (pero necesarias) contribuciones para forjar alternativas de lucha propias, autónomas y verdaderamente revolucionarias a partir de la crítica radical. Evidentemente, dar una respuesta certera a todas las implicaciones que conciernen al terreno práctico de la lucha, así como las innumerables tareas que conlleva organizarla; no se resolverán en unas líneas escritas, ni se conseguirán mecánicamente ni a corto plazo, ni mucho menos con voluntarismos inmediatistas. Fracasos y descalabros constantes tendrán que ocurrir en las calles para vislumbrar avances.

Mientras tanto, esbozando un poco sobre el tema que abordamos, vemos pertinente enfatizar y sintetizar lo siguiente: Encuadrarse bajo las banderas del falso antagonismo «imperialismo yankee vs democracia socialista latinoamericana» es aceptar ciegamente marchar hacia el desfiladero, es tomar parte en un simulacro de oposición que inevitablemente nos llevará a que las cosas sigan igual (o peor que antes); por ello, cuando enarbolamos la consigna “Ni chavismo ni oposición”, no estamos haciendo uso de un simple slogan disruptivo, lejos de eso, estamos exponiendo sin tapujos una realidad que durante años ha sido mistificada y tergiversada por todas las facciones de la burguesía.

La autodenominada revolución bolivariana no se contrapone en lo más mínimo al capitalismo. El Socialismo del Siglo XXI es reformismo a secas, enmarcado en la continuidad de las tareas democrático-burguesas, es decir: la defensa de la economía, del valor, del Estado, del la patria, del progreso y el desarrollismo.

Por otra parte, ni Hugo Chavez ni Maduro han sido dictadores fascistas, muy por el contrario, son tan demócratas como sus homólogos que exigen “la liberación de presos políticos en Venezuela” (obviamente se refieren exclusivamente a los presos de la MUD). Todos los ciudadanistas/derechistas/demócratas que cínica e hipócritamente se indignan y denuncian la represión policial que lleva a cabo el gobierno bolivariano, simultáneamente en “sus propios países” ellos también fungen como cómplices, delatores, auspiciadores y hasta participes directos en la represión y masacre a los proletarios precarios, pauperizados y marginados que luchan contra la explotación y el saqueo que realizan las empresas petroleras, gaseras y mineras.

La lucha revolucionaria que reivindicamos para destruir al Capital, ha de combatir en el mismo tenor a todos los Estados nacionales, reduciéndolos a menos que escombros; sin importar el adjetivo que les caracterice, la ideología que pregonen, o el personaje o grupo que esté a la cabeza; esa es una afirmación ineludible de nuestro programa histórico.

[Materiales]

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